sábado, 5 de diciembre de 2009

El Canal


Algunas personas creen que la casualidad no existe, es que se manifiesta la causalidad.

Veamos que conclusión arriban luego del siguiente evento.

Ocurrió hace tres años, en la ciudad de Buenos Aires y la comunidad quedó alterada por varias semanas. Sucedió en el 20, uno de los pocos canales de aire que sobrevivían, a los monopolios. Trabajaba allí el renombrado conductor Carlos Andrada. Desempeñaba una labor fantástica y había sido muy premiado por el espectáculo.

La cuestión es que Carlos estaba con el ánimo por el suelo. Casi un mes atrás su mujer y sus hijos lo habían abandonado por cuestiones todavía desconocidas. Comentaban que ella se había cansado de tantas infidelidades, pero a los rumores hay que darles el beneficio de la duda. A este problema se le sumaba otro: la renovación de su contrato; tuvo que resignar un cuarenta por ciento del sueldo para continuar el año siguiente.

Tal vez el lector crea que estos contratiempos no son nada del otro mundo, sin embargo bastaron para desencadenar algo impensado.

Como decía, Carlos andaba bastante mal. Fue por eso que en la última semana desarrolló un impulso autodestructivo: llegó varias veces ebrio al canal. Las autoridades decidieron suspenderlo por unos días y “sugirieron” que consultara a un terapeuta. La conducción del programa quedó en manos de uno de sus panelistas; hizo lo que pudo, sin embargo las mediciones de audiencia sufrieron una notable baja.

El gerente de programación estaba en un verdadero dilema, necesitaba rescatar a Carlos lo antes posible y no seguir perdiendo frente a la competencia. Los directivos, en una actitud poco simpática, le dieron un ultimátum: Si Carlos no se recuperaba para el siguiente lunes, anularían su contrato y el del resto.

Ocurrió el milagro. El conductor se presentó ese día. Se lo veía bien. Aparentemente las sesiones lo ayudaron. Sobrio, bañado y con muy buen humor comenzó el ya clásico programa vespertino.

La multitud lo amaba. En la primera hora del programa las mediciones marcaron un nuevo record. Los mismos directivos aparecieron en las instalaciones para felicitarlo. Durante una pausa estrecharon manos y le prometieron que si seguía con semejante desempeño, anularían la renovación proponiendo otra con el aumento que solicitaba.

Carlos volvió junto a sus compañeros y ocultó la oferta. Les dijo que era el último programa y deberían comenzar a buscar trabajo. Algunos entendieron la broma y se rieron, otros quedaron deprimidos.

El show finalizaba a las seis de la tarde. A las seis menos cinco la policía y los bomberos fueron alertados por una llamada anónima: parte de los estudios del canal 20 quedó destrozada por una explosión.

En un primer momento los diarios hablaron de un atentado terrorista. La empresa era manejada por extranjeros y se supuso que el grupo más radical del partido nacionalista conservador, había actuado.

Los peritos estudiaron la escena hasta comprobar que el artefacto detonado por Mariano Steinberg, uno de los colaboradores del programa, hizo explotar la bomba que traía el conductor. Le había ganado de mano.

3 comentarios:

Stanley Kowalski dijo...

Tal cual, lo único que existe es la causalidad. Interesante relato.

BESOTES Y BUEN DOMINGO!!!!!!!!!!!!

Stanley Kowalski dijo...

Por favor, podrías pasar por:

http://historiascalidasawards.blogspot.com/2009/12/muchas-gracias-capri.html

Hay algo para vos!

BESOTES.

Stanley Kowalski dijo...

Muchas gracias por el comentario que me dejaste.

BESOTES Y BUEN MIÉRCOLES!!!!!!!!

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