jueves, 2 de abril de 2009

Poitiers


La lluvia vuelve a castigar los campos. Los últimos quince días han sido completamente iguales: lluvia por las mañanas, por las tardes y por las noches. El suelo del campamento es un gigantesco barrial y el viento frio nos llega como dagas directamente a los huesos. Pegar un ojo para dormir, aunque sea un poco, se hace muy complicado.

Los días pasan y sigue llegando gente de distintos puntos del país. El acontecimiento es importante aparentemente; estamos esperando a una horda de árabes supuestamente irreductibles. Dicen, quienes han caído bajo su yugo, que son temibles y que desde los días del viejo Imperio no se ve un ejército tan impresionante. Según las noticias que trajeron los mensajeros hace unos días, aniquilaron toda resistencia en Hispania. Obligando a los despojos del reino a retirarse a las montañas y éstas tampoco parecen amedrentarlos.

Carlos, el Mayoral del reino, no sale de su tienda de campaña y vive en constante concilio con sus generales. Debatimos una y otra vez nuestra estrategia, pues el factor sorpresa puede ser determinante. Aunque de los cinco que estamos a su lado, solo yo he salido del país, pero nunca más allá de Helvecia. La ignorancia nos envuelve como un abrigo de pieles y puede poner en jaque el mundo que conocemos.

*

El clima ha cambiado, las lluvias cesaron, pero el frio aumentó y las primeras nevadas no tardaron en caer. Hemos juntado casi 30.000 hombres, pero yo no creo que sean suficientes, por lo que he mandado a pedirle ayuda a los burgundios. Su fama guerrera ya no es la de antes, pero cualquier ayuda es siempre bienvenida.

De cualquier manera, Carlos descree los mensajes que le llegan desde Aquitania haciendo mención de los árabes. Se habla de que son alrededor de 300.000 guerreros, sin contar las bestias sobre las que viajan. El Mayoral cree que los mensajes están algo exagerados por el miedo de los sobrevivientes, lo cual es bastante lógico. Igualmente, subestimar al enemigo nunca es aconsejable.

En la celebración del último concilio, le he aconsejado a Carlos y al resto de los generales de comenzar cualquier batalla en una forma defensiva. La formación de falange nos puede dar cierta ventaja contra un enemigo que nos supere en número, sobre todo estando sobre sus caballos. Por lo tanto, si nuestro golpe inicial es bueno, tal vez no tengamos que volver a golpear.

Por fortuna la idea fue bien recibida. Nos posicionaremos frente a la ciudad de Tours, más o menos a unas 2 millas de distancia y cada general estará a la cabeza de una legión de 6.000 hombres.

*

Me desperté hace un rato, no pude dormir muy bien. Mi mente no hace más que prepararse para las próximas horas. Los últimos mensajes dicen que los árabes están a 10 millas de Poitiers; esto nos tomó por sorpresa porque los esperábamos recién para dentro de dos días. En el campamento ya no hay quietud, se puede escuchar el ir y venir de miles de personas; el ruido metálico de incontables armas, cotas de malla y yelmos; y el constante martilleo de los herreros reparando o mejorando armaduras a último momento.

Dios ha respondido a mis plegarias y nos envió la ayuda de los burgundios. Hace unas noches llegaron con casi 5.000 hombres e igual número de caballos. Los hemos repartido en las distintas legiones, ya que nuestros jinetes son los mejores del reino. Al principio la idea no les gusto mucho, pero dado a que son un pueblo vasallo de nuestro reino, tampoco tenían mucha opción.

Carlos está impaciente y por primera vez en muchísimos días, salió de su morada para darle un último mensaje de aliento a todos sus guerreros. Su perspectiva de la batalla no ha cambiado, está seguro de que la victoria puede estar más próxima de lo imaginado. No me gusta hacer futurología, pero espero que no se equivoque.

*

El aire matutino es gélido. Siento que nos estamos jugando una parada muy importante. La batalla que esta por empezar puede decidir el curso de los años que vendrán, y no solo el futuro de los francos, sino el de varios reinos más.

Mientras escribo estas palabras, las trompetas llaman para formarse. Deben estar cerca. Pase lo que pase, estoy preparado.

5 comentarios:

kuoremio07@gmail.com.ar dijo...

Todo un relato de horas inciertas y expectantes, y el suspenso de la ultimas frases, es muy bueno bien ambientado, me gustó!besos.

"PERO" el color verde flúor me mata la vista y me llama más la atención los costado de la pagina que la letra de la historia.

Stanley Kowalski dijo...

Me encantó la plantilla, quedó brutal!
Luego paso y te leo.


BESOTES HERMOSO!!!!!

Stanley Kowalski dijo...

Entraste en una prosa descriptiva interesante, que lleva al lector a deslizarse sobre los renglones cómodamente y a disfrutar de la historia con sumo deleite. El clima expectante está muy bien logrado, estás escribiendo cada vez mejor, me gustó muchísimo.

La nueva estética del blog realza el contenido, este change le da un aire nuevo y le sienta muy bien como marco a tus escritos.

BESOS GUAPO

pensamientos dijo...

Recién hoy pude leerte, muy buen relato!

Stanley Kowalski dijo...

Muchas gracias por el comentario, siempre tan amable y cordial.

BESOS

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